Hoy, en el Benito Villamarín, se medía el Real Betis contra la Fiorentina. Un equipo incompleto, con varios huecos que rellenar en la plantilla, se presentaba ante su afición.
No cabía esperar mucho, ya que la Fiorentina estaba fuerte (ayer ganó 0-2 al Málaga) y el Betis estaba incompleto, algo sabido por todo el mundo. Aún así, el estadio estaba prácticamente lleno, recordando una vez más lo fiel que es la afición bética. O masoquista, también.
En la primera parte, el Betis comenzó bien. Los primeros diez minutos fueron bonitos, con un buen remate de Jorge Molina. Sin embargo, el partido se fue ralentizando. No sólo fallaba y la perdía el Betis, que apenas llegaba al área contraria, sino que la Fiorentina se enredaba y la perdía de la misma forma. Sin embargo, el conjunto italiano corrigió rápido. En el minuto 25 marcaba Vargas, ante una defensa endeble. Bruno y Figueras le dejaron llegar con tranquilidad para fusilar a Adán.
Llegaba el segundo gol poco después, sin potencia pero sin defensa que lo evitara. En el descanso, las gradas pitaron indignadas al palco. Después de todo, el Betis había cumplido con las decepcionantes expectativas.
En la segunda parte, Julio Velázquez hizo varios cambios al comienzo: Adán por Giménez, Alex por Casado, Cedrick por Rennella, Figueras por Matilla y Molina por Nono. Y junto a estos cambios, llegó un nuevo espíritu al equipo. El Betis ilusionaba.
Fue una de esas transformaciones inexplicables propias del Betis, un cambio en la actitud que llega en las segundas partes sean quienes sean los jugadores que entren. Nada más llegar, Rubén Castro disparó, aunque demasiado suave. Suficiente para creer que sí, que se podía remontar.
El esfuerzo de Rubén no terminó ahí. Pasó de sólo finalizar jugadas a jugar en todo el medio campo, un nivel de participación que le valió ser reconocido después como el mejor jugador del partido. En el minuto 50 llegaba el gol bético, gol de Matilla, a pase de Rubén Castro. Dominó el Betis unos minutos, en los que la afición se emocionó. El gol de Matilla motivó al equipo para luchar por el empate, sin amilanarse por las ofensivas de la Fiorentina, que se volvían cada vez más frecuentes.
En efecto, más tarde se igualó el partido: la tuvo Iakovenko, la tuvo Chuli, volvió a atacar la Fiorentina y luego le pegaba Xavi Torres... Aunque en los últimos 10 minutos acabó dominando la Fiorentina, la afición bética no dejaba de animar. La defensa bética se entregaba en la segunda parte. Perquis despejó bien en momentos en los que no podía fallar, limpiando la imagen defensiva de la primera parte que había dejado Figueras.
El descuento fue emocionante. Rennella forzaba una falta a favor de su equipo que no provocaba gol, pero sí una jugada posterior prometedora. Justo antes del final del partido, Xavi Torres disparaba desde lejos, pero bien. Paró el portero, que estaba atento, pero fue suficiente para que la afición perdonara a su Betis.
En definitiva, tuvo dos caras la presentación del Betis. Si lo vemos en Liga como en la primera parte, nos vamos a Segunda B. Si lo vemos como en la segunda, se puede ascender. Todo es cuestión de actitud, y queda demostrado que incluso con medio equipo por fichar, se puede brillar. Siempre y cuando, eso sí, al equipo se le contagie el entusiasmo de su afición.
Silvia Talavera (@betis24gr)
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